Al vent
El título de esta entrada es un plagio de Bibiana Aído, Ministra de Igualdad, así como también he cogido de su blog la foto de Raimon. Y este pequeño esbozo quiero dedicárselo a Mari Luz, a quien no conozco, pero que me ha escrito dándose cuenta de que en una observación mía a Bibiana había mentido. Cuando desprecio la mentira. Pero resulta que ya no sé en que año he nacido, e hice una observación errónea.
Para todos los hijos de la democracia, pienso que la transición debe de verse como una secuencia de sucesos ordenada, como se lee en los libros, o se ve en los documentales de la época. Hubo sucesos que quedan para la historia, como el concierto de Raimon en el 68 en la Complutense de Madrid, al que hace referencia Bibiana, y hay o habrá muchos otros, pero visto desde la luz de las bases, de los trabajadores que peleábamos contra un sistema, la visión es muy distinta. Por lo menos así la percibo.
El año 1975 me cogió en la puta mili. Casi acabando. Entonces repartía propaganda de la CDS, recuerdo aún algunas proclamas tipo “¿Para qué tanques oxidados americanos que no sirven para la guerra? Sólo para atemorizar al pueblo”. Y al poco de salir yo de los cuarteles se legalizaban los primeros sindicatos. Me afilié a USO. Entonces se autodenominaba “socialista autogestionaria”, hasta que en una jugada de la UCD, tras un intento vano del PSOE, literalmente la adquirió. Cuando el PSOE intentó integrarla en UGT, llegó a un acuerdo con la ejecutiva de USO, que entonces presidía Zufiaur, y ésta pasó casi por completo, pero no las bases en su mayoría. Se celebró un Congreso en Cataluña y se eligió nueva ejecutiva, que encabezó Zaguirre. Pero el movimiento de UCD fue más inteligente, y se ganó las bases a cambio de representatividad en ayuntamientos y dinero para el sindicato. Muchos lo creyeron, otros abandonamos, la mayoría pasó a CCOO, era el 1980.
Ese lustro fue el que marcó mi vida política. Si la memoria no me falla, en 1976 me nombraron secretario de economía de la federación de transporte de Madrid. Más tarde, secretario de relaciones políticas y secretario de economía estando en Albacete. Esto fue posible porque cuando los sindicatos se legalizaron, se precisaba de personas que ocupasen puestos, a todos los niveles, y yo conocía a alguna que me llevó de la mano. Fue una invasión de trabajadores repartidos entre las distintas siglas, principalmente en CCOO y UGT, por su respaldo político respectivo, PCE y PSOE. Había diferencias sustanciales de funcionamiento, es claro, pero sobre todo había un vínculo común, luchar contra el estado de las cosas, pelear por la democracia. Piensen ustedes que hasta el 1977 no se legalizó al PCE, y otros como el MC, el PT, la ORT, etc., todavía fueron más tardíos.
Así pues, los primeros tiempos, con Arias Navarro a la cabeza del Estado, y después con Suárez, que fue quien realmente legalizó a todos los partidos, no fueron excesivamente tranquilos. Surgían desavenencias por captar toda la corriente de trabajadores que buscaban una afiliación sindical tras desaparecer el sindicato vertical franquista, y muchos encontronazos de todo tipo. Pero las manifestaciones conjuntas, que costaban algún trabajo de conseguir, pues cada cual montaba la suya, como ocurría los 1 de mayo; o las fiestas del PCE, donde íbamos todos, de cualquier siglas; o los conciertos, especialmente los catalanes, Raimon, Llac, etc. eran de obligada asistencia, eran los puntos de encuentro de todos aquellos que luchábamos por el cambio.
Recuerdo con especial cariño, por lo menos desde la USO, la unidad con otras fuerzas, como los anarquistas de la CNT, o los seguidores de Pestaña, las noches de pintadas y pegadas de carteles. Las primeras reuniones con partidos ilegalizados que estaban repartidos entre los distintos sindicatos. La publicidad clandestina. En algunos casos, incluso, la unidad ante convenios colectivos. Recuerdo haber participado en el transporte USO, CCOO, UGT, ELA y quizás alguno más que se me olvide, y trabajando en una piña. En otros casos las diferencias salían a flote delante de los empresarios, pero eso prefiero olvidarlo.
Así, la Transición, hasta que España tomó un rumbo decidido hacia la democracia, no fue a nivel de calle una secuencia de hechos y acontecimientos, fue el trabajo, unas veces de forma conjunta, otras abiertamente separadas, de todas las formaciones políticas, con un peso muy significativo de las centrales sindicales, muy politizadas, que eran las que aglutinaban el movimiento obrero, mucho más que los partidos políticos.
Hoy el cambio es radical. Son dos Españas distintas. Pero después del correo recibido, de leer la letra de Al vent, me ha parecido una buena idea dar rienda suelta a unas pinceladas de morriña.
Un saludo
JLF